Vinería ubicada en la calle San Miguel de Las Heras, Mendoza.
A través de esta entrada dejo inaugurada una nueva sección que espero en el futuro se transforme en un libro, librito diría. “Las Vinerías” puede ser el nombre de este apartado o volanta como dicen los editores. A las vinerías de barrio no les llega -ni les llegará- el lookeo wine. Pero lo bueno es que uno puede comprar buenos vinos sin dejar las ojotas porque “queda cerquita de casa”. Algunas se llaman “El Shopping del Vino” y otras no tienen miedo de designarse como “vinotecas”. La verdad es que no sé cuál puede ser la diferencia entre una vinería y una vinoteca bien piripipí. Lo bueno es que como uno es vecino entra y dice “buen díiiiia” y le responden con un “bueeenas”. Si uno entra a una vinoteca paqueta y dice “buen día” es posible que nadie responda porque los presentes están ensimismados leyendo las contraetiquetas y tratando de descifrar los descriptores aromáticos. A pesar de que a las vinerías no les llega la nueva onda del vino, igual hacen marketing sin saberlo porque sencillamente tienen la misma necesidad de vender que las “wine store”. No usarán los banners, los flyers, los sistemas de fidelización pero sí le dan a la chapa con letras grandes y de todos colores que anuncian las ofertas en el medio de la vereda…y le dan al fibrón en papel carta para decir “tarjetas de crédito suspendidas” o “pague con cambio” sin temor a ningún jefe de marketing. Las vinerías no parecen ser los rezagados de una tendencia de consumo que sube y baja. Las vinerías bien pueden ser el primer eslabón maloláctico con aroma a barrio de lo que hoy vemos sobre el auge de esta noble bebida tan mendocina y tan nuestra.
Vivan las vinerías
Vinería ubicada en la calle San Miguel de Las Heras, Mendoza.
A través de esta entrada dejo inaugurada una nueva sección que espero en el futuro se transforme en un libro, librito diría. “Las Vinerías” puede ser el nombre de este apartado o volanta como dicen los editores. A las vinerías de barrio no les llega -ni les llegará- el lookeo wine. Pero lo bueno es que uno puede comprar buenos vinos sin dejar las ojotas porque “queda cerquita de casa”. Algunas se llaman “El Shopping del Vino” y otras no tienen miedo de designarse como “vinotecas”. La verdad es que no sé cuál puede ser la diferencia entre una vinería y una vinoteca bien piripipí. Lo bueno es que como uno es vecino entra y dice “buen díiiiia” y le responden con un “bueeenas”. Si uno entra a una vinoteca paqueta y dice “buen día” es posible que nadie responda porque los presentes están ensimismados leyendo las contraetiquetas y tratando de descifrar los descriptores aromáticos. A pesar de que a las vinerías no les llega la nueva onda del vino, igual hacen marketing sin saberlo porque sencillamente tienen la misma necesidad de vender que las “wine store”. No usarán los banners, los flyers, los sistemas de fidelización pero sí le dan a la chapa con letras grandes y de todos colores que anuncian las ofertas en el medio de la vereda…y le dan al fibrón en papel carta para decir “tarjetas de crédito suspendidas” o “pague con cambio” sin temor a ningún jefe de marketing. Las vinerías no parecen ser los rezagados de una tendencia de consumo que sube y baja. Las vinerías bien pueden ser el primer eslabón maloláctico con aroma a barrio de lo que hoy vemos sobre el auge de esta noble bebida tan mendocina y tan nuestra.
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